Es totalmente normal que nuestros hijos demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Los caprichos son universales y normales. Mediante este mecanismo el niño busca satisfacer su gusto sin ningún tipo de motivación.
Su anhelo es que se haga su voluntad a como de lugar. Ante éstos los padres, y quienes están a cargo de los niños, deben tener en claro los limites y los “NO” que pondrán.
Imponerle límites es para nuestro hijo una enseñanza. A través de los límites le estamos diciendo que hay cosas que se pueden y que hay otras que no, que muchas veces tiene que esperar y que no todo es “YA”.
Los límites significarán el primer organizador de su vida.
Pero marcar límites a los caprichos es una tarea no sencilla. Para imponer límites a nuestros niños primeramente debemos tener claro nuestro límite de tolerancia. Un límite no significa castigo físico o psíquico, la firmeza tiene otro significado que se verá reflejado a través de nuestra presencia y seguridad.
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